Memoria
La distancia que separa a la tierra del sol, imaginar que
las estrellas siempre se ven en el cielo, como el día en que soñé estrellas de
día, intentar imaginar que un día todo lo que hemos vivido será un paso sobre
todo el camino y volver a creer de nuevo
en las estrellas, esperar la lluvia sobre las flores como pequeñas antorchas de
fuego eterno, donde algún día dejaron su luz las abejas más allá del tiempo, el
camino que florece mientras más avanzamos y la calma en canción de un árbol que
habla estando lejano, iré y mis pies me traerán de nuevo en otro tiempo en otro
momento pero la nostalgia tomara otro color y otro sonido para intentar
descifrar el pensamiento que es posible se rompa, porque todo es pasado en
definitiva todo es pasado y nuestros pasados ya no son memoria. Quisiera creerlo de esa manera pero no se puede, se bifurcan los caminos, ahí lo veo detrás de la escuela esperando la fila para recibir su comida, son las 9 de la mañana y el calor húmedo de Panzos arrastra tanta hidroeléctrica y minera, llevo cargando desde que llegue una palma africana sobre mi espalda, es cansado y tedioso el rio como una bestia buena intenta calmar mis heridas mis preocupaciones el camino desde Palestina de los Altos, ha sido difícil sobre todo al llegar a la capital los miles de autos al unísono el paso obligatorio por el puente el incienso aquella noticia del niño sin alas sobre el puente, todo es se proyecta en mi mente, llevo más de ocho horas sentada en el automóvil y mis piernas duelen como si pudieran desprenderse, el dolor de la desgarradura es inminente. Quisiera agarrar camino hacia un lugar que no pareciera a este, con su dolor que sostiene, agarro fuerza para ponerme de pie hemos dormido una hora en el hotel "La mansión del rio Polochic" a lo lejos siento que habita el rio, todos los caminos del Municipio la Tinta conducen al Polochic, pero solo lo escucho como entre sueños, me pongo la camiseta me despierto en el calor de un clima que no es el mío me pongo el suéter por mera costumbre, no he comido bien el viaje me marea, nueve horas después y mi cerebro intenta proyectar una a una las imágenes es un lugar completamente nuevo. ¿Desde dónde vienen? me pregunta, desde Quetzaltenango le respondo, un lugar que se llama Palestina. Conozco pero Xela, - me dice. Estuve ahí ahí en el destacamento militar cuando fue la guerra sus ojos se aguadan como si pudiera verse niño-joven buscando la manera de huir, hacia su hogar, y. ¿Cómo llego hasta allá? le pregunto. No me acuerdo me responde cuando desperté ya estaba hasta allá, antes a puro golpe nos llevaban aunque hay quienes cuentan que se los llevaron caminando desde aquí hasta Xela, sí yo conozco por allá si estuve dos años y siete meses, su rostro sigue siendo el de un niño secuestrado por los militares, recuerdo a mi abuelo cuando se lo llevaron a la fuerza mientras le daba de beber a sus caballos abajo de su casa, -ahí por donde esta la cueva contaba mi abuelo cuando entro a la vejez antes, le daba aun miedo recordar esa escena ya de anciano le entro valor y podía contarla como si estuviera fuera de escena quizás lo estaba. Me contraigo intento separarme un poco de la palma africana que desde que llegue vengo cargando a mi espalda, la empujo hacia allá y se contrae su cuerpo de palma intenta ahogarme con sus miles y miles de kilómetros recorridos e intento preguntarme si la palma que ahora cargo realmente vino de África y si fuera cierto quien tuvo el valor de ir y cortarla y para empezar intento imaginar si realmente nació en África pero no se lo digo, su peso de palma me absorbe las manos me debilita el aliento, una pesadez más infinita que la de un agujero negro invade mi espacio, mi pequeño cuerpo reducido a una pequeña partícula, quisiera haber escuchado diferente pero la historia es tan real y atormenta, estoy a punto de llorar, pero me aguanto. Su silencio es de otro mundo como si el tiempo no existiera sostiene su vaso de cacao y me dice allá vienen mis hijos y se alegra. El rio Polochic es un brazo enorme del océano su grandeza es asombrosa lo veo desde lejos y su luz me abraza he pensado varias veces en el final de un río pero el rio Polochic parece no tenerlo su camino es eterno como el de los humanos, de aquí hasta donde nos alcance la memoria, aún hablo del padre de mi abuela que nació hace doscientos años,
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